Con el sol escandilándoles (de encandilar:) de frente, van dejando atrás fachadas blancas, pasan cuadras, cercas y cotos hasta coger el carril que les lleva al cabezo elegido. A medida que se adentran en el monte, notan cómo los olores camperos a jara y romero acaban imponiéndose a la mezcla de aromas que poco antes habían estado respirando en la Puebla: el humo de leña de encina quemada, el tufo a caballo, el aire caliente del pan y las roscas que salía de la panadería y el aroma de anis seco que endulzaba el ambiente, han sido barridos por una brisa que les renueva la afición al campo.
"¿Qué haces?", pregunta Manuel Peña.
"Echando un ojo al dique, a ver si desde aquí se ve algún galápago..."
"¡Vas a espantar 'to' los pájaros, hijo!"
"¿Qué pájaros? Si 'na' más que hay catolovías (de cotovías)."
"Ojú, ¡qué aburrimiento...!"
"¡Cuéntate algún chascarrillo, coño!"
"¿Yo? Cuéntalo tú que eres más alcahueto (3) que la mar."
"Pues el otro día estuve haciendo la rabona (ver hacer la rabona) y me enteré de que Luis se habla (11) con la Mari Peña."
"¿Y eso quién te lo ha dicho?"
"Nadie, que lo he visto yo. Los guipé a los dos sentaditos en el brocal del pozo haciéndose carantoñas."
"Anda ya... estarían de cháchara."
"¿De cháchara? Si dice la prima que le ha 'regalao' unos zarcillos y 'to'! Cuando se encuentran los dos en la camioneta (2) los miércoles camino de Huelva, se presenta ella 'toa emperifollá'."
"¡Si te parece va a ir a Huelva en chandal!"
"'Joé', sí que te pones tú pijotero con la niña. Ni que te siguiera gustando la chavalita...¡con el papo (5) que tiene encima, la pobre!"
"¡No digas más patochadas, hijo!"
"Tengo un trancazo (2)...", se disculpa Manuel.
"Hay mucho andancio este año.", ayuda a disimular Antonio.
Seguidamente Manuel Peña deja caer los brazos, luego el cuerpo para sentarse con desgana sobre la piedra y hunde su cabeza entre las manos, suspirando:
"Todavía me acuerdo de esa romería como si hubiese sido ayer: la subida a la ermita que hicimos juntos con la caballería, montados sobre el caballo careto que me regaló mi padre, cómo seguimos la procesión de la Virgen cogidos de la mano, oyendo las tonás (de tonadas) de la Peña, marcando el ritmo del tamboril y la flauta los pasos de los danzadores y sus espadas.
Juntos subimos al Peñón, bailamos por sevillanas, felicitamos a los nuevos mayordomos, juntos oímos fandangos desde las cadenas de la Calle Serpa...".
Antonio interrumpe al amigo dándole un cosqui a traición y echando a correr acto seguido: "Anda, déjate ya de recuerdos y levanta el jopo...¡que ha caído un jilguero!"
"¡Te voy a dar un estacazo (2) que te vas a enterar!", grita Manuel tras él.
Un par de carreras y risotadas más tarde, con el morcón intacto en la talega y debido a que ambos barruntan una tormenta que se acerca por el sur, deciden emprender su camino de regreso al pueblo.












































