jueves 19 de noviembre de 2009

Curiosidades viajeras

Sí, es verdad, ahora desde el reposo y la lejanía se da uno cuenta de que el viaje veraniego dio mucho de sí. Y eso a la hora de rellenar posts se agradece. En toda escapada que se precie surgen imágenes, vivencias, personajes o lugares dignos de ser recordados por lo particular que le resultaron a uno, comparándolos con la rutina de tu lugar de origen. Vamos allá con el ranking:

1.- Las librerías pirata
Ahora que está tan de moda la palabra, he aquí el negocio que algunos asiáticos hacen copiando libros, guías o cualquier documento que pueda venderse al mejor postor. Envueltos en plástico, con la pasta a todo color, en diferentes idiomas si hace falta, los bestsellers locales e internacionales se exponen frente al poco exigente cliente, que no repara en la calidad de impresión ni en la posible ausencia de páginas en el interior. A este precio, siempre dispuesto a ser negociado, tampoco se puede pedir más! Eso sí, nada recomendado para sibaritas ratas de biblioteca, del estilo de Firmin.

Librería pirata Hoi An

2.- El traje a medida
Toda un experiencia recomendada por muchas guías a la hora de visitar los países repletos de sastrerías express. Basta un solo día para elegir el modelo entre los catálogos de marca, señalar la tela y el color preferido para imitar el original (también aquí), dejar que te tomen las medidas y esperar algunas horas para volver a probártelo, confirmar y llevártelo sobre la marcha... un traje sin marca, pero hecho para ti, con regateo incluido, claro.

Traje a medida en Bangkok

3.- Señalización explícita
Esta curiosa señal de prohibición nos la encontramos en el interior de un taxi. ¿Está claro no? La concienciación sobre el medio ambiente supongo... o sobre la pituitaria.

Señal en taxi Bangkok

4.- El tráfico
Por último, una de las cosas que más marcó a la hora de visitar las siempre bulliciosas ciudades vietnamitas... juzgad por vosotros mismos. Aiins, y yo quejándome de la M-30!

No me digáis que no le echamos valor en ese momento de cruzar la calle...

jueves 12 de noviembre de 2009

Desde la azotea del arte

Desde las alturas las cosas se ven de otra manera. Tal y como ocurre con el árbol que te tapa el bosque, el día a día en la gran ciudad puede resultar pesado y confuso si no se consigue compensar con algo de distancia y perspectiva de pájaro. Ese punto de vista que hace relativizarlo todo un poco, el que te susurra al oído que no es tan monstruosa la urbe, que la gente está más cerca de lo que en realidad cree, que el ruido sólo es soniquete.
Una opción es alejarse a los alrededores, otra distanciarse en vertical. La azotea del Círculo de Bellas Artes te permite esto último siempre y cuando esté abierta al público, cosa no muy frecuente. Este verano tuvimos el placer de contemplar Madrid desde ahí arriba, de día, al atardecer y de noche. Merece la pena. Espero que estas Navidades repitan la agenda del año pasado y vuelvan a abrirla al público durante unas semanas.

AzoteaCBA

Un lugar candidato a interruptor de apagado en una ciudad siempre encendida. Un sitio que sería un posible ganador como destino relajante, si abriese más a menudo y (ya que pedimos) además tuviese bar.

viernes 6 de noviembre de 2009

Videotnam

Para tener en el recuerdo, aparte de las fotos, también algunas imágenes en movimiento de este viaje por terrenos vietnamitas, dejo aquí guardado este video montado a partir de algunos retales de movies de cámaras digitales.

viernes 30 de octubre de 2009

Highlights vietnamitas (y V)

Cerca de Hoi An tenemos tres destinos a mano que merece la pena visitar. En nuestro caso sucumbimos nuevamente al encanto de las scooters, tras duras negociaciones y persecuciones de los arrendadores: primero que si 5 dólares, que sólo una era automática y queríamos 3, same same que sí, que no, que espera, no te vayas que de repente aparecen dos automáticas, pero que a 7 dólares, que nos piramos, que sí, que no, que nos cogen del brazo, que es broma, que vale, 5 dólares, pero la gasolina aparte, adiós muy buenas, gritos, persecución, ojos como platos, venga, amigos como al principio, un cambio de casco de cabeza del ofertante a cabeza del comprador y finalmente 5 dólares. Ains, ¡qué tedio!

Playa de China

Pero sí mereció la pena, como siempre, recorrer carreteras y carriles a lomos de la moto para disfrutar en primer lugar la Playa de China. 30 kms de arenas blancas, palmeras y buenos chiringuitos donde ponerse feos a sepias, almejas, gambas, pescado y demás delicias.

Montaña de mármol

Aproximadamente en el centro de estas playas tenemos las Montañas de Mármol, con un espectacular recorrido por sus entrañas, que sorprende con inmensas cuevas decoradas con múltiples budas gigantes tallados en la piedra, también por sus vistas desde los miradores y sus pagodas.

Cuevas montana de mármol

Como su nombre indica, se trata de unos afloramientos escarpados de mármol que los oriundos utilizaban inicialmente para extraer el preciado material y tallarlo allí mismo, en los talleres a pie de monte. Pronto se dieron cuenta de que por la gran demanda, no tardarían en quedarse sin la montaña que atraía al turista y dejaron de picarla. A día de hoy el mármol lo importan de China, pero lo siguen trabajando aquí.

Montaña mármol-pueblo

Es un verdadero espectáculo recorrer las calles del pueblo y ver cómo se suceden las miles de figuras de todos los tamaños, expuestas a pie de calle, local tras local. También resulta muy interesante ver cómo trabajan el mármol para crear las figuras. Artesanía en estado puro.

Ruinas de My Son

Por último, My Son, otro destino interesante, aunque no nos transmitiera tanto como esperábamos. Para ver este lugar sí es aconsejable contratar un tour, dado que se encuentra en medio de la selva. Patrimonio mundial de la Unesco, estas ruinas del antiguo reino champa guardan restos de lo que en su día (siglo IV) fue un gran centro religioso e intelectual, aunque por el paso del tiempo y sobre todo las bombas, gran parte haya sido reducido a escombros.

Da Nang lluviosa

Los últimos días nos sorprendieron con buenos chaparrones en Da Nang y de salida al aeropuerto de Ho Chih Minh, lo que nos trastocó un poco los planes. El sur del país quedará pendiente para otra ocasión. Sin embargo, supimos sacar el mejor partido y disfrutamos, entre otras cosas, de una curiosa cena en un bar de carretera de Da Nang en el que nos convertimos de alguna manera en una atracción para los camareros, un cantante ambulante, incluso para algunas salamanquesas y también diría que para una "simpática" roedora.

Bar de carretera Da Nang

Vietnam, toda una experiencia, toda una revelación. Un buen destino con el que empezar a saborear Asia para un novato como yo.

viernes 23 de octubre de 2009

Un balcón sin vistas

Después de sufrir una serie de olvidos imperdonables para ella, Paula tomó la decisión de hacer frente a su menguante memoria con la ayuda de la mnemotecnia. Probó con post-its sobre la nevera, nudos en los trapos de cocina, una coqueta agenda e incluso dibujos clavados sobre su pizarra de corcho. Nada funcionó más allá de la primera semana, básicamente porque olvidaba eso que debía recordarle algo. Dejaba de prestarle atención a las señales que posaba sobre puertas o paredes, no sabía en qué cajón guardaba su librillo, veía como normal encontrarse con nuevas figuritas sobre el espejo del baño, un cojín en el pasillo o un tenedor sobre la tele. Reacia a darse por vencida, analizó la situación y concluyó que debía concentrar todas esas señales sobre algo que realmente le importaba, algo que contemplaba todos los días, un lugar imprescindible, motor de su existencia, donde cualquier alteración resultaría inevitable percibir.

Inmediatamente giró la cabeza hacia su balcón y esbozó una sonrisa. Todas las mañanas ejecutaba el mismo ritual: abría las ventanas de par en par, cerraba los ojos, respiraba profundamente y parpadeaba hasta encontrarse delante la estampa más maravillosa que podrían haber soñado Van Gogh y Monet juntos. El sonido, el aire y la vista la llenaban de algo mágico, indescriptible, próximo a esa sensación que arranca las ganas de cantar o de abrazar a alguien. Aquello le daba vida. Allí debía concentrar sus esfuerzos por recordar.

Un balcón sin vistas

Por eso mismo comenzó a colgar detalles para cada cumpleaños, macetas para los aniversarios, también para las periódicas visitas a parientes, recordatorios para llamar a los amigos y familiares en el extranjero, platitos para las citas de bodas y bautizos, los asuntos pendientes en su comunidad de vecinos, flores para el pago de los recibos de luz y agua, las citas médicas, las fechas para echar la lotería, figuras para las reuniones con el grupo de ajedrez, los viajes de primavera, verano e invierno, el curso de pintura, los mails pendientes de contestar, los capítulos de sus teleseries, la compra de la semana...

Nunca más volvió a olvidarse de nada. Con el tiempo sólo perdió las vistas desde su balcón. Y más tarde, las ganas de abrir las ventanas. Acabó mirando de reojo a las señales, casi sin necesidad. Y no se olvidó de nada, excepto de la razón por la que parpadeaba cada mañana y le entraban ganas de cantar.