jueves, 4 de febrero de 2010

Comodín del público

Los regalos inesperados son doblemente emocionantes. Primero, porque intriga saber qué se esconde detrás del envoltorio y segundo, porque ya ha sido una sorpresa haberlo recibido sin venir a cuento. La verdad es que la costumbre de agasajar sólo en fechas señaladas resulta algo cuadriculada, ¿no?

Pues hablando del tema, he tenido la suerte de recibir no uno, sino dos presentes de estas características para comenzar el año. Geniales los dos, me han encantado, pero a la vez me han supuesto una duda que espero resolver con vuestra ayuda.
No se trata de ningún dilema moral ni nada por el estilo, no os sofoquéis. Simplemente me apetece utilizar un medio tan provechoso como este para pediros respuestas a través de los comentarios que me dejéis, con tal de hacer frente a mi manifiesta calaña indecisa.

En primer lugar tenemos el siguiente cuadernillo forrado a mano con simpáticas fotografías de Balakov. Este regalo fue en realidad un premio que sorteó la bloggera manitas Madame Tafetán hace unas semanas y tuve la suerte de ganar. Pero no deja de ser un regalo. ¡Gracias de nuevo!

Cuadernillo Balakov

En segundo lugar tenemos un detallazo aventurero que viene de parte de dos buenos amigos, que pronto serán tres y me brindaron la posibilidad de elegir de entre un catálogo de actividades, aquella que más me apeteciera probar. ¡Gracias pareja!

Aventura a la carta

¿Y cuál es el problema? Pues muy fácil... busco opiniones, sugerencias u ocurrencias que me aclaren algo respecto a las siguientes preguntas:

- ¿A qué contenido creéis que debo destinar mi cuadernillo Balakov y por qué?

- ¿Entre las actividades que más me llaman la atención, cuál eligiríais y por qué?

Venga, dadme ideas per favore... prometo dejar constancia luego con un post sobre lo decidido. Graaaazie!

jueves, 28 de enero de 2010

Cociditos en Madrid

Después de más de cinco años residiendo en la gran urbe madrileña y haber saboreado suculentas especialidades como el bocata de calamares, la oreja, los revueltos y los callos, no podía concebirse el reconocimiento como habitante de pro sin haber catado uno de los platos estrella: el cocido.

Cocido madrileño 2

Con la mesa convenientemente reservada unos días antes y concienciados de crear el hueco suficiente en nuestros entrenados estómagos, trotamos animosos hasta Cuchilleros donde La Taberna de la Daniela nos esperaba con los brazos abiertos y un interior castizo repleto hasta la bandera.

Cocido madrileño 0

Vino de la casa y maaaarchando la sopera con el caldo de fideos en lo que se denomina el primer vuelco del cocido. Aaaay, codo con codo, cucharita en mano, el babero-servilleta en posición y a gozar.
Se cuenta que el origen del cocido procede de la olla podrida, particular nomenclatura que se deriva de una contracción de poderida, en el sentido de poderosa, contundente, suculenta o sustanciosa. ¡Ya te digo! En cualquier caso, la olla podrida tiene su origen en la antigua adafina judía (del árabe dafana: tapar), claro que en ese caso con corderito y nada de cerdo.

Cocido a tutiplén

Y tras el primer round, ahí que nos vienen con los vuelcos número dos y tres a la par. ¡Qué aroma! ¡Qué felicidad! ¿Que si esto es rico en Omega 3? No sé yo...

Cocido madrileño 1

Los garbanzos son servidos por separado de sopa y carne. En este caso, sólo acompañados de patatas, zanahorias, pelotillas de pan (?) y un sabrosísimo repollo. Al otro lado del ring, una fuente rebosante de morcilla de arroz, jamón, pollo, ternera, chorizo y tocino.
Exquisita la combinación, así como todos y cada uno de los ingredientes de esta maravilla de plato. Inabarcable, por otro lado. Efectivamente... tú que me lees desde allende los mares o no pudiste unirte a la cita por otros motivos y maldices al que aquí suscribe por haber gozado de este manjar, debes saber que no pudimos con todo. Ni con la mitad. Vergüenza nos debería dar, pero fue una exageración de comida, sinceramente. Casi sollozamos por no venir equipados con tuppers.
Por otro lado, resulta curioso pensar en el puchero, el potaje o el cocido de casa y darse cuenta de lo que cotiza (porque cotiza, ¿eh?) hoy en día la cocina tradicional de huerta y de toda la vida. Si los abuelos supieran a lo que nos vendieron los garbanzos, se echarían las manos a la cabeza y nos prepararían un caldero de emergencia en un periquete.

Cocido a mansalva

Este va dedicado a mi madre, que sabe que no soy yo muy fan de la cuchara, pero de vez en cuando me corrijo.

miércoles, 20 de enero de 2010

Calentando para el 2010

Un día cualquiera...

Vuelvo a casa y conmigo la carga del día que he ignorado hasta ese momento. Mi cuerpo me grita. Los pies esperan su liberación de zapatos y ataduras, la cintura quiere dejar de ser frontera impuesta por un apretado pantalón, el cuello se pregunta quién permite como correa, corbata y camisa abrochada hasta el último botón. Algo me tira de los hombros y los ancla rígidos fuera de posición, la cabeza no sabe quién la sostiene, pesa más de lo habitual. La presión acumulada no sólo tensa músculos y tendones, también mi estado mental. Necesito huir.

Run02

Tomo la decisión de hacerlo y visualizo lo que podría ser el trayecto, imaginando la pendiente, estimando el tiempo, analizando mi estado, mis posibilidades... las adorno para motivarme ante la lluvia, el frío y las malas predicciones. Tengo ganas.
Antes una necesaria pero rápida y simple transformación: ropa cómoda, un reloj, música para el camino y zapatos de correr. Caliento y arranco motores. Comienza la carrera.

Run01

Al principio marca el ritmo la última preocupación del día, luego la batería de la primera canción me pasa el testigo y la frecuencia de mis pisadas comienza a diluir los nubarrones que llevaba a cuestas. Mi respiración se acelera.
Sorteo a paseantes, salto bordillos y cruzo calles, siempre cuesta arriba, hasta llegar al Retiro. El sudor recorre mi espalda, las primeras gotas se deslizan por las sienes.

Retiro02

En algún momento indeterminado he pasado a formar parte de un mundo paralelo, aderezado por las melodías que oigo durante esos minutos y parecen haber burlado al mismísimo "shuffle" para casar a la perfección con lo que estoy viendo. Casi se proyecta ante mí un videoclip, la banda sonora de este lugar, de esa pareja sentada en el banco, de la fuente del Ángel Caído, de los patinadores, de los castaños y los robles, de la anciana y su caniche. Todo se mueve al compás. La música me cuenta una historia cada vez. Unida a una imagen es mágica. La necesito.

Run03

A mitad de camino he perdido por completo el hilo con el que comencé el día. Se ha transformado en un cordel de lana coloreado que trenzo hasta convertirlo en un ovillo, imaginando historias y situaciones inverosímiles en las que me veo involucrado. Fantaseo, sueño, me veo actuar. Juego y me gusta.

Durante el trote de regreso me doy cuenta de que el aire que inspiro es justo el necesario para mover mi cuerpo sin excesivo esfuerzo, los pulmones no se quejan, las pulsaciones se mantienen a la frecuencia exacta para sentir el bombeo alegre de mi corazón. El mismo músculo que me lleva en volandas a ningún lugar me invita a continuar la marcha. Algo busca.
En pleno movimiento, sin prisa pero sin pausa, alcanzo el equilibrio, físico y mental. Ahora estoy en blanco, conmigo mismo, completamente solo en un lugar repleto de gente. Entiendo que me hace bien. Veo que ya es la hora.
Vuelvo a casa cuesta abajo. No hay sprint final ni meta. Tras la ducha, vuelvo a ser lo más parecido a mí. Y me entran ganas de cantar.

Retiro01

Uno de los propósitos de este año es seguir corriendo, que no es poco. El año pasado caté el ambiente de una carrera popular con fines solidarios dentro de la campaña "Ponle freno" y me gustó. Para este intentaré subir el listón.

Los demás propósitos no los cuento... pero pueden entreverse en la carrera anterior.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Ho ho ho

Se oyen sus pasos sobre el tejado,
un guante blanco que asoma al cristal,
trae traje rojo, un gorro mojado,
y una barriga que no le va mal.

Como antesala, usa chimenea,
y barba blanca como identidad,
reparte al mundo y lo saborea
porque trabaja sólo en Navidad.

Ho-ho-ho

¿Que si es Santa Claus o es Papá Noel?
Ho-ho. No lo sé. No le pude ver.
En foto recuerda a un tal Weihnachtsmann
y no sé qué pinta en Puebla de Guzmán.

Pero eso da igual, dejadle pasar,
hay niños por medio, mejor no dudar.
Disculpas Melchor, Gaspar, Baltasar,
¡pero es que hasta el 6 es mucho esperar!

Papá Noel 1

Con nerviosismo y un pucherito,
tras ciertas muecas, respeto y pavor,
llegó el regalo, parte de este rito
y el desconcierto se tornó fervor.

Valió la pena volver a soñar,
aplicarse cuentos, volar a un lugar
en el que nadie debiera extrañar
al niño que ayer le hizo jugar.

Papá Noel 2

Que paseis unas Felices Fiestas en Laponia, Kuala Lumpur o donde quiera que estéis. Disfrutad de este nuevo año 2010 que se nos avecina y no perdáis nunca ese brillo que se reflejaba en vuestros ojos cuando hacíais volar la imaginación... ¡Un abrazo! Ho-ho-ho.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Monológico

Me (y os) dejo aquí uno de los últimos ejercicios teatreros que nos han solicitado en clase. En vivo y en directo supongo que será otra cosa, pero espero que os guste (al menos un pelín) también por escrito. Un monólogo basado en un miedo...

¡Qué ganas de que llegue el verano… otra vez! Vacaciones, sol, terracitas…¡sí! Camiseta y pantalón corto, heladito de vainilla…¡sí! El Chiringuito, ponerse moreno, dormir bajo la luna… ¡sí! El bikini, el volley playa y un baño en el mar… ¡ssss?!?!¡! :-o

¿Un baño dónde? ¿En el mar? ¡En el mar! ò_ó

Los océanos cubren el 71% de la superficie de la Tierra, con una profundidad media de unos 4 kms, aunque existen fosas que pasan los 11 km, hay más de cien millones de km cuadrados de fondo marino sin explorar en nuestro simpático planeta y los científicos extrapolan que hay unos 50 millones de especies marinas por descubrir.

¿Y quieres que yo me bañe ahí? o_o

Vamos a ver, no me toméis por un bicho raro ni por un gallina, que bañarme me baño en la playa si hace falta. Pero tranquilo, lo que es tranquilo en el agua no estoy. Después de dejar atrás la orilla evitando pincharme los pies con las conchas rotas, desliarme de las algas que se quedan pegadas a uno al entrar y hacer como que no he visto los peces que se adivinan al trasluz nadando sobre las crestas de olas, por fin consigo estar dentro. :S

“Bueno, yo ya si eso voy saliendo”
“Pero tío, si acabas de entrar…mójate siquiera el bañador!”

Bien, pasamos al siguiente nivel dentro de la bella y gratificante experiencia que supone el contacto con esta masa ingente de H2O salada, llamada mar: ¡Vámonos a lo hondo!

Llega el momento en el que me adentro en el mar y no hago pie, no toco fondo, levito, floto. Y ahí estoy yo, en medio del mar. Y ahí están ellos, debajo del mar y alrededor mía. Y no los veo. Y ahí mismo, mecido por el incesante oleaje que tan seguro me hace sentir, empiezo a recordar bellas historias como la que cuenta que los tiburones son atraídos por sangre, chapoteos y movimientos erráticos, que la raya tiene potentes aguijones con punta en la cola por los que segrega veneno, me acuerdo de las tiernas medusas, de las siempre juguetonas morenas… ò_ó

Zoo Acuario Madrid 1

Una cosa: si hace unos 375 millones de años y después de una evolución de unos ligeros 10 millones de años más, el primer pez, llamado Tiktaalik (que tb manda huevos el nombre), logró salir del agua gracias a su combinación de branquias y pulmones y articulaciones y aletas, ¿qué cojones hacemos nosotros ahora volviendo otra vez ahí dentro?

Con lo bonito que es un paseo por el campo, acariciar a un cervatillo, correr ladera abajo, respirar el aire limpio (sin agobios), incluso tropezar con un tronco, resbalar y caer de bruces…

Que me pase a mí algo así aquí, donde estoy, en medio del mar. Un calambre en las piernas, un corte de digestión, una buena ola, el efecto de las mareas y las corrientes marinas, un tsunami! ¿Y qué hago? ¿Llamo por el móvil a emergencias? Ay no, justo ahoooora no lo llevo encima, que me lo he dejado en la toalla debajo de la sombrilla (jooder, no está lejos la sombrilla!). ¿Los socorristas? ¡Venga ya! ¿A qué me agarro? Aquí no hay ni una mísera rama, ¡ni una barandilla! ¿A la cola de la raya? ¿O espero a que venga Flipper y me rescate? Porque de Willy, la verdad, no acabo yo de fiarme del todo. ¡Coño, que es una orca asesina!

No queda otra que asumir que estoy solo ahí fuera. Yo y el mar. El mar y yo…y 10.000 bañistas más. Me armo de valor y decido hacerle frente al gigante azul, nadando a crol a contra ola, desafiando a Neptuno y a todos los personajes de la Sirenita, valiente, tenaz, orgulloso, casi homenajeando al primer Tiktaalik que ya no me parece un pariente tan lejano… cuando de repente trago agua. Huuaaghg. Pfuajj. Y chapoteo. Y moqueo. Y me acuerdo de los tiburones y dejo de chapotear. Y me quedo sin aliento.

Zoo Acuario Madrid 1

Y justo en ese momento vuelvo a ser consciente de lo frágil que soy en ese medio. Veo facilísimo que ante un imprevisto aspire agua, se me llenen los pulmones y muera en cuestión de segundos por asfixia o parada cardíaca. O que el mar se decida a arrastrarme a sus entrañas, donde cada 10 metros de profundidad supone sumar 1 atm de presión sobre mi cuerpo, o lo que es lo mismo, 1 kg/cm2… primero se me romperían los tímpanos, luego tendría hemorragias en los senos faciales, me reventarían los pulmones…

Y cuando me quiero dar cuenta, estoy de vuelta en la orilla, con la idea clara de que lo que he dejado atrás no es un espacio natural para el hombre…o al menos para mí.
Y piso la arena de nuevo, para sentirme seguro.

Intento buscarle una explicación a esta fobia, me paro a pensar y me sorprendo identificando exactamente las mismas sensaciones y miedos en tierra cuando, por ejemplo, voy caminando entre una muchedumbre incontrolada, donde me doy un incómodo e indeseado baño de masas. O en el momento en que me vendan los ojos y no sólo dejo de ver el fondo del mar, sino todo lo demás. Cuando alguien me pide que debo dejarme llevar y siento vértigo, parecido al que provoca la marea cuando es fuerte, o cuando la vida me da un revolcón y no sé a qué agarrarme, como en medio de un océano embravecido.
Y ahí, sentado en la misma frontera entre los dos, comprendo que no es el mar ni la tierra la respuesta.
Soy yo.

Playa