viernes, 21 de agosto de 2009
A gusto en agosto
viernes, 31 de julio de 2009
El valor de un abrazo
Porque más de una vez nos hemos encontrado con alguien que te da la mano con tal flacidez que tienes miedo a quedarte con ella colgando. Otras, aprietan tanto, que temes no tener suficiente musculatura para proteger tus preciadas falanges y los metacarpianos. También para esto se clama un poco de tacto y sensibilidad. Al igual que para un abrazo, respetando las distancias... bueno, mejor no las respetamos.
Antes, pensaba que sólo consistía en estrechar a alguien entre los brazos, con una leve presión, quizás alguna palmadita en la espalda y una rápida separación. Alguien sabio me enseñó que siguiendo un rígido protocolo nos perdemos la mitad. Aprendí que no hay tiempo ni medida para darlo, que hay que dejarse llevar, no incomodarse por la cercanía y respirar, sin contención. Sentirlo, porque sólo así fluye algo mágico entre los dos, sólo así lo estás dando, sólo así lo recibirás. El valor de un abrazo es tener el valor de darlo de verdad.
Este post va dedicado a Silvia, ducha en las artes del sentir y transmitir.
sábado, 18 de julio de 2009
En el zo bajo el so
Quizás sea un mero esfuerzo por meterse en la piel del que te mira de reojo, salta, te ofatea, nada o se desliza entre las ramas, por el simple hecho de intentar entender qué siente. A lo mejor me pica la curiosidad por averiguar cómo ha llegado a adoptar ese aspecto y de qué le sirve tras tantos años de evolución darwiniana (por cierto, ya vamos por el 150 aniversario de la publicación de "El origen de las especies').
Lo mismo tiendo a idolatrar a cada ser por sus manifiestas cualidades "sobrenaturales"... ¡qué paradoja, cuando no los hay más naturales que ellos! Pero hay que admitir que todos hemos soñado alguna vez con tener la rapidez de un guepardo, la vista de un águila o la fuerza de un oso.
Y para soñar con los ojos abiertos no hay mejor manera que sentirse un poco animal en el Zoo Aquarium de Madrid.
Siempre da lástima ver a esa selección de 6.000 animales de los 5 continentes privados de libertad y expuestos al desgaste continuo de los visitantes ávidos por llamarles la atención. Pero en este caso me llevé una grata sorpresa por la limpieza de las instalaciones y el aparente cuidado con que se trataba a la fauna.
En los inicios, allá por el 1770, lo que se conoce hoy como zoo, se situaba en el Parque del Retiro, en la "Casa de Fieras". Aún hay restos de aquellas instalaciones, hoy deshabitadas, que pueden verse en este pulmón de la capital. Los animales allí expuestos procedían de las colonias americanas, pero también de Asia, África y la propia Península. Una veintena de años después pasó a emplazarse el Zoo en su actual ubicación, donde a día de hoy, ocupa lindando con la Casa de Campo una extensión de unas 20 hectáreas.
Muy recomendable el delfinario y su espectacular show, el enorme acuario y el pabellón de naturaleza misteriosa. Nada adecuado, en cambio, elegir un día de calor para visitar a los huéspedes, porque muchos están más aletargados sesteando que el propio perezoso. Aaaaaguaaaa!! ¿Ese camello está pidiéndose un Trina en el chiringuito? ¡No me jorobes, que yo iba primero!!
Y muy recomendable también ir acompañados de niños... porque de sus miradas quizás se adivine mejor el porqué de esa fascinación por nuestros adorables vecinos.











