jueves, 26 de marzo de 2009
Gulliver también produce
domingo, 22 de marzo de 2009
Un palacio navarro
El Palacio Real de Olite (aunque a mí me guste llamarlo más castillo) fue construido entre 1402 y 1424, constituyendo uno de los conjuntos histórico-artísticos más importantes de Navarra.
Fue Carlos III "el Noble" (Rey de Navarra) quien promovió su edificación, adecuándolo a sus gustos y usos con majestuosas cámaras, salas, torres, palacios y jardines que sirvieron también a otras cortes olitenses hasta bien entrado el s.XV.
Después de esa etapa, comienza el declive de este palacio, que acaba utilizándose esporádicamente como residencia de virreyes, hasta que durante la Guerra de la Independencia, en 1813, el Palacio fue incendiado quedando inhabitable, vacío y semi-derruido.
Pero hoy podemos disfrutar de las vistas, los muros y las salas (eso sí, vacías) de este castillo gracias a las obras de restauración que comenzaron en 1937 y se prolongaron durante unos 30 años.
jueves, 12 de marzo de 2009
Para que no falten letras
- La eliminación de estas cuatro filologías supone la amputación de una parte fundamental del patrimonio cultural de la Comunidad Autónoma Vasca, con la disminución del capital intelectual y simbólico que ello supone y el coste social que implica en el marco europeo en que nos ubicamos.
- Tal como define la L.O.U. y los Estatutos de la UPV-EHU una de las funciones principales de la Universidad es la “preparación para el ejercicio de actividades profesionales”, pero es indiscutible que entre las funciones que se definen para la institución universitaria en la propia ley, tal como recogen los citados estatutos, se encuentran también “la difusión del conocimiento y la cultura”, “el desarrollo de la ciencia […] así como […] la transferencia del conocimiento al servicio de la cultura, de la calidad de la vida” y la formación de una actitud “crítica”.
- No puede estructurarse la enseñanza superior atendiendo exclusivamente a la servidumbre a un sistema económico y social que proyecta sus beneficios económicos a corto plazo. La rentabilidad social de los estudios humanísticos y de las filologías en particular es mucho mayor que los beneficios económicos directos que se producen en un sistema de mercado como el que soportamos.
- El papel de la investigación y de la transferencia de conocimientos en Filología es sin duda más difuso que en los dominios de las ciencias duras, pero su impacto social y cultural es al menos tan profundo y duradero como el de aquellas.
- La eliminación de las cuatro titulaciones de Filología en la Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea plantea el problema fundamental de la redefinición del saber en el estadio actual y del papel que la enseñanza superior, pública y de calidad, desempeña en nuestra sociedad.
- La eliminación de estas cuatro titulaciones de la Universidad pública abre el debate sobre la implantación de un modelo privatizado en la enseñanza pública.
- A su vez, la eliminación de estas cuatro titulaciones cuestiona y desarticula el futuro de la enseñanza secundaria en la Comunidad Autónoma Vasca y su valor como servicio público obligatorio e indispensable para la formación de los ciudadanos. ¿Qué sucederá cuando la demanda de nuevos filólogos en secundaria no pueda ser satisfecha? ¿Quién va a desempeñar esa labor?
- Es necesario repensar el papel de la investigación y la transmisión del conocimiento en la Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea y en la propia sociedad vasca, y el papel esencial que en ésta desempeñan los estudios de Filología.
- El estudio de las filologías no es sólo un modo de erudición, sino una forma de profundización en la cultura y de construcción de una identidad histórica y social, tanto en nuestra comunidad como en el contexto europeo.
- La Universidad debe seguir desempeñando el papel de garante de una conciencia crítica en la sociedad, a la que sirva como espacio de reflexión y de defensa rigurosa de los valores de un sistema plural.
jueves, 5 de marzo de 2009
¿Un té?
Y está bien tomarse cosas tan sencillas con tanta delicadeza, dándoles la importancia que no tienen, para hacer propicio el ambiente que buscas y te aisla. Al calor de la porcelana, con el vaho de especias en la nariz, el poso de azúcar a mitad de disolver y el líquido recorriéndote la garganta, aunque sea por un momento, logras apagar el interruptor y reflexionas, casi sin querer, invadiéndote una mezcla de paz y paciencia que conforman un cultivo óptimo para concluir, para decidir.
Porque a pesar de tanta tecnología, fuentes de información y normas de actuación, basta con un par de tazas de té para encontrar las respuestas. Esas que sólo están en ti.
viernes, 20 de febrero de 2009
La Trastienda
Poco después del día de Año Nuevo, la apariencia del ambiente navideño vivido horas antes, se tornaba en un lúgubre paseo de sombras perdidas por las calles de aquel pueblo. Nadie sonreía, el gris del cielo acompañaba a los oscuros mantos de las señoras, al humo de chimenea, al vaho que salía de las bocas sedientas de... Saaaaangreeeee!! Mooorcillaaa de saaangre!
Y es que se encontraban en plena época de matanza. Los deseos choriceros, solomilleros, incluso paletilleros, servían al respetable para conectar con su lado más siniestro, que sólo lograban saciar con el sacrificio de un pobre gorrino bien entradito en arrobas.
Ese año habría ocurrido lo mismo que el anterior y el previo al último, así como el antepenúltimo del de antes, o el que precedió a todos estos, si no hubiese sido por un pequeño detalle: los cerdos habían desaparecido de la faz de la tierra!! OOOooiiiiiiiiinnnnnk.
Algunos achacaban la situación a las malas artes que ejercía una vieja verrugosa en la trastienda de su venta, donde entre copa y copa despachada, aprovechaba el tiempo para repartir hechizos por doquier, como si no hubiera un mañana, ni un pasado mañana, ni el día después de pasado mañana... Dicen las malas lenguas que con uno de ellos consiguió envenenar las bellotas y al primer mordisco del cerdo, éste se hinchaba como una pelota que, tras una estruendosa flatulencia, salía disparada por los aires a imagen y semejanza de un globo desinflándose, para perderse más allá de los montes que lindan con Portugal y acabar aterrizando sobre el suelo la única parte que de tan preciado animal lograba perdurar: su rosado y rizado rabito. PPppfffiiiiiiiiiiiuuuuuuuuuu.

A falta de manteca colorá, buenas son las tostadas con mermelada, pero ¡todos tenemos un límite! Si no que se lo pregunten al inocente grupo de amiguetes que entró en la venta el día equivocado, a la hora inapropiada y en el momento más inoportuno que jamás habían vivido... y jamás volverían a vivir. Cuentan los sabios ancianos (ahora vegetarianos) de aquel lugar, que el tabernero los recibió ese día con los brazos exageradamente abiertos, invitándoles a compartir con los demás seres que poblaban la barra el visionado de un ameno film que le traía buenos recuerdos. Extrañados, pero con tal de complacer al señor, los jóvenes aceptaron y pidieron una tapa de brócoli ante la escasez de panceta.
Con la excusa de la proyección, pronto se apagaron las luces y la vieja sacó de la trastienda grandes velas esféricas que fue disponiendo sobre cada una de las mesas. A medida que avanzaba la película, la cera fundida iba expeliendo un sospechoso olor a torrezno que embriagaba a los espectadores hasta tal punto, que las facciones de los protagonistas de la cinta parecían convertirse en las faces de puros cerdos ibéricos de sierra. Paulatinamente, los propios jóvenes sentían transformarse en cuerpos porcinos, mientras, sigiloso en la penumbra, el tabernero cerraba puertas y ventanas, frotándose las manos por el festín que se iban a dar. Los bultos apoyados sobre la barra se giraron hacia los nuevos gorrinos y mostraron sus salpicados mandiles e instrumentos de sección. Justo en ese momento un fogonazo de luz emergía de la vela y mostraba el nombre del primero de la lista. El destello del metal, unos ojos ensangrentados, su nombre en fuego y la risa de la vieja verrugosa es lo último que cada cerdo pudo concebir antes de despedirse con un sonoro iiiieegiiiiJIIIIIG!!
Aún hoy llueven rabitos de puerco por la zona, pero nadie ha vuelto a probar un jamón de pata negra como mandan los cánones. Nadie, a excepción quizás de la vieja de la trastienda y sus matarifes.













