jueves, 17 de enero de 2008

Pudo suceder en la Puebla de Guzmán (III)

Suenan las campanadas de las dos de la tarde cuando los dos amigos entran en el bar Kunta Kinte, enguachinados por la tromba de agua que les ha caído encima. Dentro, la barra está repleta de cazadores en traje de camuflaje, unos más contentos que otros, en las mesas se amontonan botellines vacíos, hay cáscaras de cacahuetes por el suelo, un par de perros carrizos esperan a su dueño bajo la cubierta de la entrada, Alonso jala (2) a Diego del chaleco para bromear con la poca carga que ha traído, se oyen voces desde una esquina del local a la otra.
"¡Se va a llenar el pantano nuevo!"
"¡Qué hartón (2) de agua, madre mía! Como siga lloviendo así no voy a salir nunca de aquí y la pea va a ser menuda, ya verás..."

Pantano Puebla

Antonio echa mano del purrón (porrón) y sacia su sed.
"Buff,¡qué pechá (pechada) de correr nos hemos dado...y total pa' ná."
Manuel busca un hueco junto a la chimenea y su cercanía al fuego hace que le empiece a humear la ropa. Fija la mirada en las llamas que envuelven a los troncos de encina y deja de parpadear durante un buen rato. La atracción hipnótica que desde siempre le ha causado el color y el movimiento mágico del fuego, lo lleva a ausentarse nuevamente, a no oír ni ver a la gente que le rodea, pensando: "No me creo que el sarnoso (2) de Luis se ande camelando a esa. No me lo creo. Pero como sea verdad, se va a llevar una manta (7) de palos que va a ver. Y ya puede venir la machorra (4) de su hermana a decirme misa, que no se escapa. No le tengo miedo ni a la marimacho, ni a ninguno de su familia..."

Chimenea

"¿Me quieres echar cuenta (10) de una vez?", vocea Antonio mientras zarandea levemente a Manuel Peña, "¡Que te llevo llamando un rato desde la barra, hijo!".
Cuando Manuel reacciona y se decide a pedir un refresco, ve a su abuelo entrando por la puerta, rengado por el peso del puesto y el reclamo.
"No puedo con la bocha (barriga - quizás del francés bosse = bulto, joroba) ya...".
Manuel aprovecha el momento para despedirse fugazmente de Antonio y opta por ayudar al viejo con su carga de vuelta a casa.
"¡Nos vemos esta tarde Antonio!"
"A ver si es verdad, ¡que parece que estás ennortao (posiblemente de norteado)!"
Con las capuchas puestas avanzan nieto y abuelo dejando atrás la Cebadilla para pasar poco después por delante del bar de Charratelo, momento en el que empieza a remitir el chaparrón.

Cebadilla

Dentro se sirven revoltillos (2), platos de "papá" (papada (2)) y tomates rajados, junto a tanques (4) de cerveza. El olor que escapa por la puerta para llegar a la nariz de Manuel Peña hace que le empiece a rugir el estómago, imaginando encontrarse a su llegada a casa con sus platos favoritos: un suculento guiso de turmas o un revuelto de gurumelos. Pronto asume que por un lado no están en la época propicia para ello y por el otro, siendo domingo, seguro que toca puchero, plato que junto a la pringá (pringada (2)) que prepara su madre no tiene nada que envidiar a los anteriores. "A ver si hay suerte y lleva también pestorejo", piensa mientras se le hace la boca agua.

Bar la Peña

A media altura de la calle Larga se oye rebullicio desde un patio en el que, por el olor a pelo quemado, Manuel adivina que están de matanza.

Jamones

Su curiosidad lo empuja a asomar la cabeza por el postigo: ve a unos con el soplete en la mano, otros raspando la piel quemada del cerdo, hay quien cuelga jamones y chorizos de un largo palo, sobre una parrilla se sazonan asaduras (3) para picar, ellas giran el molinillo y rellenan tripas para morcones y salchichas, otras preparan barreños con especias, alguien arrebaña (2) el último trozo de solomillo que quedaba en un plato, está todo envarbascado (2), algunos desperdicios (2) se amontonan en un saco junto a la puerta y Manuel piensa que las paredes van a necesitar un buen blanqueo (2) antes de la primavera.

Matanza

Justo entonces desvía su mirada hasta la única ventana de la casa que da al patio y se encuentra con unos ojos inconfundibles que lo observan desde el interior. Preso de un pánico irracional, con una mezcla de vergüenza y arrebato, retrocede y se golpea torpemente la cabeza, para luego salir escopetado calle arriba, corriendo para alcanzar al viejo que ha continuado con su camino.

Calle Larga

Con la mirada fija en el suelo, acelera a zancadas sobre el empedrado, ve pasar decenas de piedras ante sus ojos, piedras, muchas piedras, pasó con ella parvulitos (parvulario), pasan piedras, cientos de piedras, pasó aquel tiempo en que jugaba a los rionces (canicas) y al trompo, pasan piedras, miles de piedras, pasó aquel día con ella en los coches tope (coches de choque), pasan piedras, demasiadas piedras... pasó el tiempo en que jugaron al esconder (2).

lunes, 7 de enero de 2008

Pudo suceder en la Puebla de Guzmán (II)

Cochino entre encinas

Con el sol escandilándoles (de encandilar:) de frente, van dejando atrás fachadas blancas, pasan cuadras, cercas y cotos hasta coger el carril que les lleva al cabezo elegido. A medida que se adentran en el monte, notan cómo los olores camperos a jara y romero acaban imponiéndose a la mezcla de aromas que poco antes habían estado respirando en la Puebla: el humo de leña de encina quemada, el tufo a caballo, el aire caliente del pan y las roscas que salía de la panadería y el aroma de anis seco que endulzaba el ambiente, han sido barridos por una brisa que les renueva la afición al campo.

Cuadras Cuarteles

Puebla desde Divisa

Pronto se encuentran ambos montando el ramillete, untando varetas con liria y dejando a sus mejores pajarillos enjaulados bajo la trampa, confiando en que con sus cantos hagan bajar a aquellos que revolotean libremente de encina en encina.
Manuel Peña y Antonio se ocultan a media falda, en la umbría, utilizando jaras y tojos secos que hacen de puesto improvisado y se sientan sobre piedras y lajas de pizarra a la espera de que caiga el primero. Transcurren pocos minutos para que, ante el escaso paso de verderones y jilgueros, los chavales comiencen a aburrirse. Antonio observa cómo un gañafote ( - saltamontes - lusismo, del portugués gafanhoto) trepa un junco para luego salir disparado con un ruidoso vuelo por encima de su cabeza. Manuel Peña ha descubierto un alacrán debajo de una piedra y se lo muestra a su compañero de batallas, para luego lanzarlo a un jaral utilizando como catapulta una vara de adelfa. Antonio se ríe y recuerda la última vez que salió a la sierra en busca de turmas (ver criadilla de tierra) y gurumelos. En aquella ocasión, en vez de desenterrar esos manjares que tan bien prepara su madre, se topó con una bicha (3) que le hizo darse un buen vejigazo del susto que se llevó. Incluso mucho tiempo después le siguió dando jindama la historia en forma de pesadillas. En ese preciso momento le da un repeluco que le hace levantarse del asiento.
"¿Qué haces?", pregunta Manuel Peña.
"Echando un ojo al dique, a ver si desde aquí se ve algún galápago..."
"¡Vas a espantar 'to' los pájaros, hijo!"
"¿Qué pájaros? Si 'na' más que hay catolovías (de cotovías)."
"Ojú, ¡qué aburrimiento...!"
"¡Cuéntate algún chascarrillo, coño!"
"¿Yo? Cuéntalo tú que eres más alcahueto (3) que la mar."
"Pues el otro día estuve haciendo la rabona (ver hacer la rabona) y me enteré de que Luis se habla (11) con la Mari Peña."
"¿Y eso quién te lo ha dicho?"
"Nadie, que lo he visto yo. Los guipé a los dos sentaditos en el brocal del pozo haciéndose carantoñas."
"Anda ya... estarían de cháchara."
"¿De cháchara? Si dice la prima que le ha 'regalao' unos zarcillos y 'to'! Cuando se encuentran los dos en la camioneta (2) los miércoles camino de Huelva, se presenta ella 'toa emperifollá'."
"¡Si te parece va a ir a Huelva en chandal!"
"'Joé', sí que te pones tú pijotero con la niña. Ni que te siguiera gustando la chavalita...¡con el papo (5) que tiene encima, la pobre!"
"¡No digas más patochadas, hijo!"

Jara en Flor

A pesar del esfuerzo que hace Manuel por reprimirse, no evita que se le escape una lagrimilla e intenta esconderla, cuando Antonio ya se ha dado cuenta del fregado en el que se ha metido. Manuel carraspea un par de veces y traga saliva para recomponerse.
"Tengo un trancazo (2)...", se disculpa Manuel.
"Hay mucho andancio este año.", ayuda a disimular Antonio.
Seguidamente Manuel Peña deja caer los brazos, luego el cuerpo para sentarse con desgana sobre la piedra y hunde su cabeza entre las manos, suspirando:
"No he vuelto a pasar una Romería de la Peña como la que compartí con ella, tío."

Procesión Peña

Antonio se encoge de hombros.
"Todavía me acuerdo de esa romería como si hubiese sido ayer: la subida a la ermita que hicimos juntos con la caballería, montados sobre el caballo careto que me regaló mi padre, cómo seguimos la procesión de la Virgen cogidos de la mano, oyendo las tonás (de tonadas) de la Peña, marcando el ritmo del tamboril y la flauta los pasos de los danzadores y sus espadas.

Caballería subiendo a la Peña

Danzadores y tamboril

Ella con un vestido verde y el pelo recogido, guapísima, no dejó de sonreirme desde el Viernes de los Callos. Juntos probamos la caldereta (2) y el vino en la "comida de los pobres" de la Casa de Fondos.

Casa de Fondos

Preparando la Caldereta

Callejón para subir al Peñón

Juntos subimos al Peñón, bailamos por sevillanas, felicitamos a los nuevos mayordomos, juntos oímos fandangos desde las cadenas de la Calle Serpa...".

Calle Serpa en Peña

Jinetes por Peña

Antonio interrumpe al amigo dándole un cosqui a traición y echando a correr acto seguido: "Anda, déjate ya de recuerdos y levanta el jopo...¡que ha caído un jilguero!"
"¡Te voy a dar un estacazo (2) que te vas a enterar!", grita Manuel tras él.

Un par de carreras y risotadas más tarde, con el morcón intacto en la talega y debido a que ambos barruntan una tormenta que se acerca por el sur, deciden emprender su camino de regreso al pueblo.

Campo

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Pudo suceder en la Puebla de Guzmán (I)

Puebla de Noche

A las 7 de la mañana, cuando los primeros ladridos desde los Cuarteles anuncian la impaciencia de los perros por el arranque de la veda general, suena el despertador en el cuarto de Manuel Peña. Medio "cuajao" (2) alarga el brazo hasta la mesilla de noche y calla de un manotazo la campanilla del despertador que le anuncia un nuevo día en el pueblo. Se levanta a duras penas, echa mano de pantalón y camisa, se calza las alpargatas y renqueando se dirige hasta el baño donde el agua fría que se salpica a la cara acabará por despejarle del todo. Antes de salir al largo pasillo en el que desembocan las cuatro habitaciones de su casa de gruesas paredes y fachada encalada, se mira en el espejo un barrillo que le ha salido justo en la punta de la nariz y relata (3) malhumorado:"¡En "toa" la napia (= nariz-del genovés nappia)! Vaya pinta de "abombao" que tengo..".

Cuarteles 2

Cuarteles 1

En la cocina ya huele a tostadas de pan de jara y a café portugués.

Desayuno con jamón

Su madre se ha levantado para preparar al abuelo y al pequeño de tres hermanos el sustento que necesitarán para que el día en el campo sea llevadero. El abuelo picotea de una torta de chicharrones (3) y se echa una migajita (2) de café más, mientras observa al reclamo que va a probar en "la Colá".
"¡Acurrúcate en la jaula perdigón (3)!", murmura. "Que luego vas a pasar frío...".
"Ese no vale 'pa ná', ya se lo dije a Usted el día que lo trajo el vaina (9) de Pedro.", replica el nieto. El viejo mira al pájaro sin pestañear, mientras continúa con su retahíla de bondades sobre él: "Déjalo estar, que es pollo de este año y aún se tiene que hacer. A este con un par de salidas más le va a responder el campo que va a dar gusto. Ya verás, ya...".

Reclamo

Manuel Peña no acompañará al abuelo al puesto (10) esta vez. Ha quedado con Antonio para poner la liria en un cercado por encima del Dique.
"Ma, échame medio morcón y un cacho pan en la talega pa' luego... por si nos entra hambre." Las jaulas con los jilgueros, la navajilla en el bolsillo y el tabardo (2) en mano... todo está listo, sólo a la espera de que llegue Antonio, mientras el reloj acerca sus manillas a las 7 y media de la mañana. Cuando el chaval empieza a impacientarse, por fin oye cómo se abre el postigo (2) y chirría poco después el cerrojo de su puerta. "¡Venga ya, haragán!", vocea Manuel Peña desde el portón, "¡Que se te han vuelto a quedar pegadas las sábanas!".

Calle Cabezo

Casa Ducal

Parroquia Santa Cruz

Ambos salen a la calle recibiendo un fresco aroma que a esa hora envuelve a la Puebla de Guzmán en un manto invisible de olor a jara y eucalipto y recorren animosos las calles empedradas (4) que bajan hasta la Plaza de la Cebadilla.

Cebadilla


Vistas Divisa

Durante el trayecto se cruzan con cazadores en coches provistos de remolques con rehalas (2), oyen a alguien cantar por fandangos desde el Bar los Labradores y se encuentran con las mujeres más madrugadoras que, en bata, han empezado a barrer sus puertas.

Puebla de día

En el Bar la Parada la máquina de café no da abasto. La trapatiesta y el vocerío de los que van a salir de montería o a la sierra al salto (-ver cazar al "salto"-), contrasta con la tranquilidad y el silencio del resto del pueblo. En la barra se sirven copas de aguardiente para ir calentando motores y las carcajadas se suceden al bromear sobre la pericia de los escopeteros (2):

"¡Dale otro buchito (3) a la copa, Andrés, a ver si así atinas hoy!"
"¡A ver si atinas tú y te invitas a algo, gandul (2)!"
"Mira quién fue a hablar... ¿será por roñosos (4)? Me apuesto una copa a que te vienes de tarugo (se le colgaba al que no traía caza alguna de vuelta), que ya no estás para andar por ahí de mancha en mancha (4)..."
"No seré yo el que está de buen año... a ver si eres capaz de subir el primer cabezo que te encuentres. Ya hablaremos cuando contemos los conejos que trae cada uno en el morral."
"Vale, pero no me seas fullero, ¡que eres capaz de comprarlos por el camino!"
"¡Te quieres ir...! Ni cazando gamusinos me ganas tú a mí..."

Cazadores Puebla

Manuel Peña y Antonio se miran con media sonrisa en la boca y siguen su camino dejando el pueblo atrás.

Pinos Ratera

lunes, 19 de noviembre de 2007

Absurdo

A - Buenas tardes.
B - Sí, pero poco hecho.
A - ¡Será porque Ud. nunca lo ha visto!
B - A mí, amigo del ruido, no me joda, ¿eh?, no me joda...
A - (tose)
B - Cuarto y mitad, que hoy ceno solito.
A - Siempre me tocan repetidos.
B - Pues disuélvase, que es Nochebuena.
A - Igualita que la madre, oiga, igualiiita.
B - Mándeme donde ayer y hago un botijo.
A - ¡Eso no me lo dice el párroco a la cara!
B - Un relámpago y como si nada, vamos que... amaneció.
A - ¿Me quiere cortar las patillas de una vez?
B - ¡Cómase la pechuga en el cuarto a oscuras!
A - Paciencia y rúcula fresca, que en gloria esté.
B - (de espaldas)
A - Vaya caras que me pones...
B - ¡No consiento que me traigas suerte!
A - Y ahoraa queeee vaamoooos despaaaacio...
B - Pisa con el talón primero, Gustavo.
A - No hay tiempo.
B - ¿Redoblas?
A - (se aleja)
B - Capacidad para 4 personas, 300 kgs.
A - Buenos días.

Porcelana

Por el humor que más me hace reír, el absurdo.

Ahh, y por los jónicos, que se me olvidaban. ;)

lunes, 12 de noviembre de 2007

Masters Serie Madrid 2007

OOOOUT! Fifteen - love.
Gran deporte el tenis... una pena que no lo siga como hacía cuando pequeñín en tiempos de Lendl, Becker, Agassi y Chang. Bueno, al menos me he quitado la espinita de ver un partido oficial en vivo y en persona.

Entrada

Del 13 al 21 de octubre tuvo lugar el Masters Serie de Madrid en el Telefónica Arena, un pabellón polivalente situado dentro del recinto ferial Casa de Campo. Esta construcción con más de 30.000 m2 de superficie se compone de graderíos retráctiles que permiten ajustar la superficie de la pista central de 970 a 2.390 m2. Aparte de esto consta de una gran cúpula de 11.000 m2 con claraboya incluida que con su apertura permite que se reciba luz natural en su interior. Además del Master también se celebró aquí el Eurobasket 2007.

Pista Central
Second service. Oooout. Thirty - love.
El ambiente que vivimos ese día de fase previa fue agradable, supongo que por la escasa afluencia de público. Aparte de poder asistir a cada una de las tres pistas en las que se disputaban los partidos, también hubo ocasión de visitar en la planta baja diferentes stands relacionados con este deporte e incluso presenciar los entrenamientos de otros jugadores que
empezarían su master en días posteriores.

Pista 1

El Suizo Roger Federer se coronó campeón de este evento deportivo en el año 2.006 y Rafael Nadal en el 2.005, pero este año saltó la sorpresa y en la final el argentino David Nalabandian se llevó el Masters de Madrid 2007 ante el actual número uno, Federer.

Marcador

Ace! Forty - love.
Algo que sorprendió y muy gratamente, sobre todo al público masculino, fueron las recogepelotas. Como viene siendo habitual en esta cita, cuentan con un amplio número de modelos entre sus filas y esto hace que no siempre se pueda concentrar uno en el partido. Hablo de los tenistas por supuesto, pobres... qué difícil se lo ponen.

Raquetazo
PD: Las féminas que no se me revolucionen! En el Masters Serie Femenino que se disputó hace escasos días los recogepelotas fueron modelos masculinos.

Recogepelotas
Break point, Mari Pepi.

Otra curiosidad que siempre me ha rondado en la cabeza ha sido la puntuación tan extraña que se sigue en este deporte y la explicación que he encontrado es esta: el origen del 15 - 30 - 40 viene de la astronomía antigua en la que se usa un "sextante" para medir la elevación del sol. Por eso mismo un set se compone de 6 juegos ó "sextantes", que sumados forman los 360º de una circunferencia. También es verdad que luego el 45, en inglés forty-five se simplificó por el 40 (forty), por comodidad.

Pista 2
Vale, ¿y lo de love? Pues se dice que viene del francés, donde al cero se le comparaba por su forma con un huevo (l'ove) y quedó así por tradicion en el tenis.
Muestra de que realmente estábamos en la fase previa: el Manolo pinta la silla del árbitro mientras se disputa el partido.

Pintando la silla
Point, set, match: Manda loves.